Para cualquier empresario sensato, la proximidad de un huracán categoría 5 implicaría prepararse para algo malo; sin embargo añada a ese mismo evento natural, un derrame superior a los 5 millones de galones de crudo en medio del océano. Ahora, prepararse para lo peor: ¿Ya está listo?
El pasado 20 de abril, fue uno más de esos soleados días de primavera en las entrañas del Golfo de México. Las actividades al interior de la plataforma de extracción petrolera Deep Water Horizon -ubicada frente a las costas de Louisiana-, se llevaban a cabo con la puntualidad con que rutinariamente lo hacían; sin embargo un instante hizo la diferencia: Una enorme detonación cimbró cada rincón de la gigantesca mole de hierro emplazada en la inmensidad de la mar; mientras que el humo comenzó a cubrir de obscuro el azul cielo, al tiempo que una mancha de petróleo comenzó su mortífero avance sobre las aguas del golfo.
La tormenta de información no tardó más que las manchas de crudo en extenderse por los confines del planeta. Luego se reveló que la explosión destruyó la plataforma en donde perdieron la vida 11 trabajadores del complejo energético, mientras que los esfuerzos por tratar de sellar la fuga serían vanos por varias semanas después de ocurrida la tragedia.
Hasta ahí el accidente cobraba dimensiones dantescas, y cuando parecía que ya nada podría salir peor, el Centro Nacional de Huracanes de Florida comenzó a hacer patentes sus más recientes prospectivas de ciclones una vez llegada la temporada.
Así pues, lo que es diferente este año, es que más allá de la temporada atípica en estos fenómenos naturales -en donde se dice que será el año más lluvioso en los registros históricos-, hay más de cincuenta millones de galones de aceite y petróleo crudo en las inmediaciones del Golfo de México, por lo que las empresas ubicadas en la proximidad del mismo deberían comenzar a considerar la posibilidad de escenarios hipotéticos que eventualmente llevarían a esta tragedia, a ser mucho peor de lo que inicialmente se esperaba.
PREVENIR
Con la intención de que las empresas se anticipen lo mejor posible a desastres como el que revisamos arriba, la consultoría internacional de análisis de riesgos Aon, explicó mediante un comunicado de prensa emitido recientemente, que con el propósito de aminorar las pérdidas y el impacto financiero a causa del huracán, debe considerarse la realización de un esquema de “pre-pérdidas medidas”, esto con la intensión de aminorar el impacto financiero ante escenarios de desastres, mientras que al mismo tiempo se deben crear estrategias para generar una transición suave y rápida a la reanudación de las operaciones.
Sin embargo, el proceso descrito deberá comenzar antes de que inicie el desastre, ya que con ello se garantiza que su organización esté preparada para responder a las pérdidas de una catástrofe potencialmente devastadora.
Por ello la primera recomendación que presenta Aon, es la revisión de las políticas de seguridad, ya que con base en ello, se podrá evaluar con mayor precisión y determinar los términos específicos, disposiciones, condiciones y exclusiones que potencialmente podrían referirse a una pérdida de patrimonio, producto del huracán o el derrame de petróleo; para que una vez cubiertas las providencias, se pueda responder de primera mano a cualquier evento potencial.
EVITE LA PARÁLISIS DE SU EMPRESA ANTE DESASTRES
• Genere una cultura permanente de la prevención de desastres.
• Diseñe un esquema diferenciado de medición de pérdidas .
• Produzca un análisis de riesgos de desastres naturales.
• Realice un plan de “mitigación” para continuidad del negocio.
• Establezca alianzas empresariales para la capacitación permanente ante tragedias.
• Ubique y establezca alianzas y contratos con empresas dedicadas a la evaluación y mitigación de riesgos.
• Establezca con rapidez un sistema de evaluación de pérdidas físicas, económicas y humanas si es el caso.
• Invertir para prevenir no es un gasto: Mantener las operaciones de su empresa vale, sin escatimar, cada peso invertido.
REVISE SU PLAN DE DESASTRES
Lograr el objetivo de reducir al mínimo el efecto operacional y financiero de una pérdida importante de patrimonio, o la interrupción de los negocios, deberá de generarse un plan de mitigación que tendrá que estar presente antes de cualquier funesto evento.
En este sentido, las empresas que corren el riesgo de sufrir afectaciones por un huracán en el Golfo, deben evaluar los activos físicos sobre una base de ubicación y estudiar cómo una oleada de ciclones o tormentas, podría interrumpir las operaciones de la empresa. Esta evaluación debe ser muy exhaustiva y tendrá que contar con una estructura de liderazgo centralizado.
AMPLÍE SU RED DE EXPERTOS EN DESASTRES
La mayoría de los equipos de seguridad al interior de las empresas no cuentan con los recursos para afrontar desastres de estas características, pero tampoco (en muchos casos) es su misión especializarse en la evaluación de desastres, mitigación y recuperación de los recursos sobre una base diaria.
Por otra parte, tampoco está en los líderes de seguridad de las empresas, un adecuado enfoque de riesgo, además de que estos equipos no cuentan con la experiencia de primera mano a la hora de administrar un desastre real. En resumidas cuentas, a menos de que la preparación y respuesta de la compañía ofrezcan una planificación directa y se aborde exhaustivamente la aparición y la consecuencia de acontecimientos sin precedentes, debería considerarse incompleto el plan contra riesgos; ya que un plan de mitigación de pérdidas bien concebido, identifica los recursos y los socios con que se pueda contar con anticipación y prevé un evento de desastre potencial.
Los planes deben incluir una coordinación “previa” de los recursos externos que serían necesarios para ayudar a una respuesta rápida, lo que incluiría una compañía de restauración de emergencias con notable experiencia y vasta extensión geográfica, así como recursos sólidos que se puedan implementar rápidamente en cualquier ubicación que se halle la pérdida, con la finalidad de activar el proceso de recuperación a la brevedad posible.
En este caso, el proverbio “una onza de prevención es igual a una libra de curación,” realmente aplica.
Tras el huracán Katrina en 2005 y huracán Ike en 2008, muchas organizaciones de la costa del Golfo de la unión americana fueron incapaces de detener sus pérdidas en parte debido a la deficiencia de la mano de obra disponible y profesionales calificados. Las empresas que habían asegurado acuerdos previos con prestigiados y experimentados consultores, contratistas de restauración y otros proveedores, fueron las primeras en la línea de asistencia y, en consecuencia, estuvieron entre los primeros para restablecer las operaciones, limitar sus pérdidas de interrupción del negocio y daños de la reputación hacia el cliente y sobre activos locales.
SEA ÁGIL AL EVALUAR DAÑOS
La aparición de un desastre podría involucrar la pérdida de una cuantiosa cantidad de recursos de toda especie, situación que deberá eventualmente ser evaluada a fin de activar la responsabilidad de las aseguradoras, situación que de igual forma estará sujeta a una auditoría general.
Por lo tanto, es esencial establecer rápidamente un sistema para capturar todos los costos relacionados con la pérdida, mismas que formarán la base de la presentación del reclamo eventual.
Para fines de seguimiento, es prudente establecer un número de cuenta separada o cargar el código en el sistema de contabilidad de costos, en virtud del cual se capturará todos los gastos relacionados con la pérdida.
HAGA CUENTAS
• Cuenta para todas las facturas, contratos, etc.
• Para contrato de trabajos relacionados con la pérdida, con descripciones detalladas de la reparación y/o sustitución, así como los costos del trabajo realizado.
• Cuenta para todos los costos internos: (Acompáñese con descripciones detalladas) que comprendan costos laborales internos (separado por persona y acompañado de su costo laboral); partes insumos y materiales empleados, gastos incurridos, reportes parcialers y totales de gastos.
CONCLUSIÓN
Específicamente nadie puede predecir los efectos de un huracán cargado de petróleo a través del Golfo de México. Como lo hemos atestiguado con recientes tormentas en el Golfo, un huracán importante puede causar daños catastróficos. Una tormenta significativa en un golfo cargado de petróleo podría causar daños sin precedentes a las operaciones de la propiedad y del negocio.
Un fluido y reflexivo plan de respuesta ante desastres, junto con la aplicación racional de algunos procedimientos básicos, pueden ayudar a las empresas a reanudar las operaciones más rápidamente y al mismo tiempo, establecer un proceso de documentación del evento, de una manera que limite las pérdidas, la línea de tiempo de interrupción del negocio y el impacto total.

PRONÓSTICO DE HURACANES 2010
El Tropical Storm Risk (TSR), es un avanzado sistema de previsión meteorológica que proporciona un mapeo en tiempo real de predicción de los campos de viento de ciclón tropical en todo el mundo. Este estudio es copatrocinado por Aon Benfield, y a continuación pone en sus manos su pronóstico para la temporada de huracanes del Atlántico de 2010.
En la actualidad cada indicador principal apunta a que la actividad de huracanes estará por encima de la norma durante el año 2010. De hecho, el TSR predice que la cuenca del Atlántico –incluyendo el Atlántico Norte, el mar Caribe y el Golfo de México– tendrá una actividad de huracanes que para este año en territorio americano, estará 55% por encima de la norma histórica medida desde 1950.
Por otra parte, se espera que este nivel sea aún mayor si el fenómeno meteorológico denominado como “La Niña” acarrea una temperatura superficial inferior a la del mar en el Pacífico Tropical. De hecho, existe una alta probabilidad de que la actividad de huracanes en Estados Unidos durante el año en curso, sea superior hasta en un tercio con respecto al registro histórico.
Para la cuenca del Atlántico, las previsiones de la pretemporada indican un 77% de probabilidad de tener una temporada de huracanes en el Atlántico, que esté por encima de lo normal; un 18% de probabilidad de una temporada de cerca de lo normal y sólo 5% de probabilidad de una temporada por debajo de los índices de normalidad.
En este contexto, se esperan 16 tormentas tropicales incluyendo ocho huracanes y cuatro meteoros intensos. En cuanto a las previsiones de actividad, la llegada de un huracán a costas “americanas” reclama un pronóstico de 74% de probabilidades, esto es 19% por encima de lo normal, y sólo 7% de probabilidad de una temporada por debajo de lo normal.
Asimismo, se prevé el arribo de al menos cinco grandes eventos meteorológicos a las costas “americanas”, de los que al menos dos, ascenderían a la categoría de huracanes. A su vez, el pronóstico de pretemporada predice también dos huelgas de tormenta tropical en las Antillas Caribeñas menores, de los cuales uno se espera que sea un huracán.
El pronóstico publicado por el TSR prevé que la temporada de huracanes 2010 del Atlántico, tenga un promedio mayor de este tipo de eventos, con 93%, a lo largo de la temporada y cita varias razones para esta expectativa.
Dos de esas razones son que se espera que los vientos en los niveles superiores de la atmósfera se “relajen” durante el periodo de agosto y septiembre, lo que mejoraría la capacidad de la atmósfera para generar áreas de baja presión tropicales y un aumento continuo de la temperatura promedio en la superficie del mar en la principal región de desarrollo del Atlántico.
La siguiente tabla muestra las previsiones del TSR y la gama de incertidumbre que rodea la previsión, incluyendo las probabilidades de tocar tierra (en el territorio continental de Estados Unidos).

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Authors: Editorial

