El déficit cultural por parte del empresariado mexicano en cuanto a temas de seguridad, ha generado vicios que la misma industria en su afán de supervivencia, se ha encargado de alimentar. Por ello no es raro que se opte por servicios “económicos”, cuando el valor de lo que desea proteger, debería ser la medida para invertir en ello.
* David Chong
Los servicios de seguridad como toda actividad en la vida moderna, tienen un costo que con frecuencia suele tornarse controversial en las proyecciones financieras al interior de una empresa. Esta situación no debería de extrañar a nadie -sobre todo en un contexto de inseguridad y violencia como el que vivimos actualmente-; no obstante este “componente estratégico” regularmente es considerado un “gasto inútil” que no aporta a la productividad, y que en ocasiones sólo se hace porque la autoridad obliga a las compañías a asegurarse por la naturaleza de su actividad.
Así, la preocupación que muestran con mayor regularidad los hombres de empresa, se traduce en la reducción de los montos destinados a estos servicios, al tiempo que se dedican a cubrir lo estrictamente necesario para cumplir con lo exigido por la ley (o menos si es posible); situación que podría desembocar en un grave error, ya que de presentarse un ataque a la compañía en contra de sus bienes o personas, las repercusiones sobre la competitividad pueden ser tan serias, que provoquen incluso el cierre de la empresa.
Y es que lo que no se entiende con claridad por muchos tomadores de decisiones, es que la aportación de seguridad en todas sus modalidades, va más allá de la mera protección de personas y propiedades, ya que merced a su cometido de evitar que ocurra cualquier evento que perturbe los procesos de la empresa, se posibilita que la inversión, por lo regular materializada en bienes de producción, puede seguir generando ingresos y por ende rentabilidad financiera.
En este sentido se tiene que las medidas y previsiones de seguridad se ocupan de prever los posibles riesgos, y prevenir que ocurran, por ejemplo accidentes que dañen materiales o equipos e interrumpan los procesos de producción, o que causen lesiones al personal, incluso fatales, que no sólo interrumpen los procesos, sino que pueden provocar la clausura de las instalaciones.
Por ello, si bien los servicios de seguridad no constituyen una inversión en sentido estricto, como lo propalan en defensa de sus legítimos intereses de negocio las empresas que prestan estos servicios, tampoco representan un gasto “inútil”, ya que conforman un recurso de “protección” a la inversión de la empresa, cuya aportación a la productividad consiste precisamente en que contribuye a que se mantenga la continuidad del negocio.
Bajo esta perspectiva, la contratación de servicios de seguridad, como cualquier otro ejercicio presupuestal, enfrenta la decisión de cuánto gastar y de qué manera. Y aquí es precisamente donde, bajo una premisa de “hacer más con menos”, surge ese tentador espejismo de “lo más barato” en lugar de “lo más adecuado”, si no se tiene claro lo que se quiere o lo que en realidad se necesita.
¿QUE DEBE BUSCAR EN UN SERVICIO DE SEGURIDAD?
En principio, un servicio de seguridad ante todo debe ser efectivo en su cometido de proteger personas y propiedades, así como de preservar la continuidad de la operación del negocio del usuario. Asimismo debe ser confiable en su desempeño, lo que se entiende como un riguroso cumplimiento de los compromisos de protección, y de confidencialidad en el manejo de la información acerca del usuario de los servicios.
Por su parte, en el plano de la relación de negocio, es imprescindible que el proveedor de los servicios proporcione alguna forma de garantía de que cumplirá con los compromisos asumidos. Garantía que se obtiene con una solidez y certeza razonables cuando el proveedor constituye una organización establecida de acuerdo a la normatividad aplicable vigente, tanto en el ámbito mercantil como en el particular del negocio de la seguridad.
Adicionalmente y de manera complementaria en este mismo plano de relación de negocio, es conveniente que el proveedor de los servicios opere con una estructura organizacional de corte corporativo y preferentemente con una filosofía empresarial de calidad basada en competitividad y mejores prácticas de negocio, que no dependa de decisiones discrecionales, sino que se rija por reglas y procedimientos estandarizados.
En este contexto, es muy conveniente que el proveedor de servicios de seguridad tenga una política laboral que satisfaga razonablemente las necesidades y aspiraciones de su personal, a fin de que los elementos operativos concentren su atención e interés en su desempeño operativo y no ocurra que se distraigan constantemente debido a problemas personales, o peor aún, sean vulnerables a prácticas de corrupción u algo similar.
Este aspecto es crucial para los propósitos de efectividad y confiabilidad en el servicio, ya que el recurso humano constituye el factor determinante en última instancia para tales efectos, de acuerdo a la premisa que establece que “con buen personal, hasta el peor de los sistemas puede llegar a funcionar, pero con mal personal, hasta el mejor de los sistemas puede llegar a fracasar”.
Asimismo, porque la repercusión más relevante de cualquier reducción en los costos de estos servicios, es el impacto sobre las remuneraciones del personal, ya que implica que se reduzcan, a su vez, las perspectivas de satisfacción de sus necesidades y aspiraciones, de tal manera que se abre la posibilidad a los efectos adversos que golpean la efectividad y confiabilidad del servicio: distracción y vulnerabilidad a la corrupción.

¿CÓMO CONTRATAR UN SERVICIO DE SEGURIDAD?
Para conseguir niveles aceptables de efectividad y confiabilidad en un servicio de seguridad, lo recomendable es buscar opciones con una magnitud operativa y de costo equiparable al perfil de necesidades. Y la especificación de este perfil de necesidades, en particular en el aspecto del costo que se está dispuesto a asumir, se establece a partir de un par de cuestionamientos ¿Cuánto vale lo que quiero proteger? ¿Cuánto cuesta protegerlo?
La respuesta a la primer pregunta establece la importancia de lo que se quiere proteger, no tanto en términos de su valor patrimonial sino de su aportación a los procesos de negocio del usuario, y en cierta medida proyecta la magnitud para la respuesta a la segunda pregunta, que a su vez establece una proyección de los montos de gasto razonables y convenientes. Lo que corresponde a una muestra de que “según el sapo, es la pedrada”.
Con base en estos parámetros será posible configurar un marco de referencia que permita evaluar las alternativas de oferta de los proveedores de servicios de seguridad, y seleccionar aquella que mejor responda a las necesidades y expectativas de efectividad y confiabilidad. Recordando que nada es gratis, ya que como dice la conseja popular “el que quiera azul celeste, que le cueste”.

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Authors: Editorial

