por Germán Cortés
Los CCTV son un sistema altamente disuasivo que cohíbe a las personas de realizar actos ilícitos o prohibidos. Además tenemos la posibilidad de grabar la escena y de consultarla cuantas veces sea necesario para reconstruir los hechos y encontrar los culpables.
Finalmente en la actualidad estas imágenes digitales pueden enviarse por los modernos medios de transmisión y consultarse las escenas de manera remota, ya sea en vivo o videos grabados con anterioridad.
El CCTV es la extensión de los ojos de los guardas de seguridad. No hay un órgano de los sentidos humanos que nos dé tanta información como el video. Recuerdan esa expresión popular que “una imagen vale mas de mil palabra” y si a esa imagen le adicionamos audio, nos genera un documento muy completo de investigación y seguridad.
No hacen lo que queremos
Sin embargo, en varias ocasiones los resultados que nos entregan los equipos de video vigilancia, producen un enorme sentimiento de frustración a usuarios finales y guardas de seguridad. La empresas adquieren los diversos sistemas, -debo admitir, que no son nada económicos-, y se plantea la esperanza que con la tecnología comprada, realmente estamos protegidos, seguros y descubrimos en el momento de la verdad, es decir, en el momento de reconstruir un siniestro o de revisar una simple grabación para saber si el que entró fue Pedro o Juan, que las imágenes vistas no son las deseadas.
El problema es muy grave y es más común de lo que usted imagina. En ocasiones los operadores de equipos y sus supervisores ya conocen las limitaciones de los sistemas y simplemente desechan la ayuda de esta herramienta, por considerarla inútil a la hora de establecer la verdad. Entonces, ¿para qué se compró? ¿Por qué nos sentimos engañados?
Comparaciones
Como primera medida debo explicar que no podemos pretender ver con una cámara de video lo mismo que vemos con nuestros ojos. Sólo para igualar las condiciones a nivel de jerga técnica, decimos que el sentido de la visión humana posee dos cámaras a color, cada una móvil, con resolución superior a 130 mega píxels, con alta sensibilidad y con todos los ajustes de color, compensación, rango dinámico y demás características a rangos elevadísimos y súper especiales.
Adicionalmente, nuestro cerebro interpreta la información de las dos cámaras y la convierte en una visión tridimensional de excelente calidad, que mezclada con el audio de nuestro sistema auditivo y el resto de órganos de los sentidos hace que la experiencia vivida por un humano sea muy diferente a la de una cámara tradicional. En lo único que nos superan es en la capacidad de hacer acercamientos ópticos (zoom), ver luz Infrarroja (IR) y en el trabajo continuo 24 horas durante los 365 días del año.
Entonces por favor, NO espere milagros, ni pretenda que una cámara de $40 dólares haga lo mismo que el sofisticado sistema visual humano. Pero hay otro factor importante que se presenta a la hora de explicar el sentimiento de frustración mencionado, es la falta de profesionalismo en el gremio.
Debo de manera respetuosa, pero muy responsable, decir que nuestro gremio de seguridad electrónica, especialmente el orientado a video vigilancia, está inundado de personas incapaces, inexpertas e inescrupulosas que sólo se contentan con vender cajas y equipos, sin concentrarse en el uso y real necesidad de cada proyecto. Sé que parece terrible y genera desconfianza, pero es la verdad. Permítame explicar el tema.
Empresas para seguir
Como en todo sector comercial hay empresas malas y buenas. En nuestro caso las buenas empresas, casi siempre cuentan con ingenieros y técnicos con más de 10 años de experiencia, representan marcas de buena calidad (no necesariamente costosas) y poseen la infraestructura para dar respaldo técnico y administrativo sólido. Esto significa un excelente servicio al cliente, stock de repuestos, atención 24 horas, sus técnicos se identifican por hacer instalaciones estéticas que cumplen todas las normas, se hacen labores de ingeniería que permiten planear y dimensionar los sistemas de manera perfecta, análisis de riesgos que generan criterios de diseño bien empleados, cálculos matemáticos, planos profesionales, trabajan con formatos de seguimiento y procedimientos que aseguran la excelente calidad de la solución propuesta, siempre pensando en las necesidades y presupuesto del cliente y no tanto en los intereses de la empresa.
Sus ingenieros y técnicos están muy bien formados, hacen cuanto curso de capacitación les ofrecen (no sólo los gratuitos) y de manera permanente los proyectos en donde participan los ganan, dando buenas utilidades para sus socios y creando una sensación de tranquilidad en sus clientes. ¿Le parece utópico que haya empresas así? La verdad existen pocas, pero en Latinoamérica cada vez hay más.
Empresas para olvidar
En el lado opuesto, existen las empresas malas, es decir, las que nunca hacen lo anteriormente expuesto. Aquellas que piensan que vender de manera masiva es su única meta, sin importar la calidad del producto, ni la calidad del personal que lo instala. Son aquellas que se especializan en vender problemas, es decir las que la gran mayoría de clientes les compran una vez y nunca mas vuelven a hacerlo, las empresas que nunca invierten ni tiempo ni dinero en capacitar a su gente, las que creen que un ingeniero lo sabe todo y hasta lo convencen de esto, así que el ingeniero termina haciendo lo que cree que está bien para el beneficio de la empresa y no del cliente final.
Aquellas que compran lo más barato y lo vende con engaños aprovechándose de la ignorancia del usuario final. Son empresas que viven del “venda y corra” para otro lado, con el ánimo de evitar demandas. Son las que bien podrían tener un local en “San Andresito” (centro comercial informal y focos de contrabando que existen en Colombia), porque todo el conocimiento técnico lo cubren las frases de las cajas de los equipos que venden. Sus vendedores no analizan, no piensan en las necesidades de los clientes, sino que se empecinan solo en saber cuántas quiere y cuándo las va a pagar.
Obviamente están las empresas del medio, es decir, las que ya se dieron cuenta de sus errores (a veces con grandes descalabros técnicos o financieros, y muchos compromisos por cumplir, que las obligan a pensar en qué fallaron) y quieren ser como las primeras pero aún no lo logran. En este grupo hay de todo, incluso los “zorros que se disfrazan de caperucita roja”, para continuar con el engaño.
Espere en nuestra próxima edición, la continuación de este artículo en el que se hablará sobre algunas empresas de otros sectores de la industria y que buscan vender equipos de seguridad de la misma manera en que lo hacían en la industria de la que vienen. En la parte final del texto el autor explicará cuáles son las características que diferencian un equipo de CCTV de juguete de uno profesional, además de las recomendaciones e inquietudes a las que debe responder un adecuado equipo de seguridad.
*Germán Alexis Cortés H. es ingeniero elecrónico experto en automatización de edificios y Gerente General de Insetrón Ltda. Se dedica a la consltoría de carácter latinoamericano. Si desea puede escribirle a [email protected]

