Latinoamérica. La autenticación biométrica física en Latinoamérica —basada en rostro, voz o huella— se ha consolidado como un pilar de la seguridad digital en el sector bancario, frente al aumento de fraudes en la región. Según la investigación Grand View 2024, el mercado de tecnología biométrica superó los USD 4.500 millones en 2023 y se proyecta que alcance los USD 17.700 millones en 2030, con un crecimiento anual de más del 20 %, liderado por la banca y los pagos digitales.
Riesgos permanentes ante c
El uso de datos biométricos físicos plantea importantes implicaciones legales y éticas. A diferencia de las contraseñas, estas características no pueden modificarse en caso de filtración.
“Cuando se da un robo de contraseñas, la primera acción recomendada es cambiarlas; en cambio, ante una filtración de datos biométricos físicos, no es posible cambiar de rostro, voz o huella, lo que expone a las personas de por vida. Es por esto que la responsabilidad sobre quién resguarda los datos biométricos físicos es un tema crítico. Sin embargo, entidades financieras y empresas tecnológicas manejan millones de registros, muchas veces sin medidas de seguridad suficientes”, advirtió Josué Martínez, Global Advisor de BioCatch para Latinoamérica.
Especialistas también advierten sobre riesgos adicionales: sesgos y discriminación —algoritmos con mayor margen de error en mujeres y personas de piel oscura—; fraudes y ataques, como el caso de Mercado Libre en Colombia; y costes operativos significativos para implementar la biometría física de manera segura.
Biometría conductual: una alternativa más segura
Frente a estas vulnerabilidades, la biometría conductual se perfila como una alternativa que reduce riesgos. Este sistema identifica a las personas según patrones de comportamiento en la interacción con dispositivos, en lugar de características físicas.
“La recomendación de BioCatch es complementar la biometría conductual como primera capa de prevención de fraude y, en los casos donde exista un riesgo elevado de suplantación o robo de credenciales, aplicar métodos robustos de autenticación, como la biometría física. Todo ello, siempre considerando que el uso de biométricos conlleva implicaciones regulatorias, tecnológicas y éticas”, concluyó Josué Martínez.
La biometría conductual funciona mediante la inteligencia artificial para analizar hábitos únicos, como la velocidad al teclear, la presión sobre la pantalla, patrones de navegación o uso de aplicaciones. Sus datos se vinculan a hashes anónimos y no generan un perfil único, lo que permite restablecer la autenticación ante cualquier filtración.
Vacíos regulatorios en la región
El panorama regulatorio latinoamericano es desigual. Mientras que Brasil y México exigen el uso de biometría física, en otros países su implementación es recomendada pero no obligatoria. Por su parte, la biometría conductual carece en gran parte de marcos legales específicos, lo que deja un vacío normativo.
Con la expansión de la autenticación biométrica en la banca y otros sectores, la discusión sobre privacidad, seguridad y ética seguirá siendo clave en la región.


