En el complejo contexto sociopolítico que se evidencia en varios países de la región, la creciente ideologización de la seguridad plantea serias dificultades a la hora de abordar con efectividad los desafíos que enfrentan las sociedades latinoamericanas.
Por: Álvaro León Pérez Sepúlveda
Esencialmente, la seguridad debería centrarse en proteger a los individuos y en garantizar el orden y la estabilidad en entornos públicos y privados. Pero, ¿qué sucede cuando esta cuestión se convierte en una herramienta de demagogia?
La ideologización de la seguridad implica que las medidas adoptadas no siempre responden a necesidades reales, sino a agendas fundamentalmente políticas. Este enfoque no solo distorsiona la percepción que la ciudadanía tiene de la seguridad, sino que también conlleva el riesgo de que las decisiones tomadas desde las esferas de poder no beneficien a la sociedad en su conjunto.
Por ello, es indispensable que dichas decisiones en materia de seguridad se basen en datos objetivos y en análisis exhaustivos de la realidad. Los profesionales y expertos en seguridad deben ser escuchados y sus recomendaciones deben ser tenidas en cuenta por encima de las consideraciones políticas. Además, es crucial fomentar un diálogo abierto y constructivo que incluya, cómo no, a la industria de la seguridad, a fin de encontrar soluciones efectivas y sostenibles.
La despolitización de la seguridad es un desafío que se debe asumir con total seriedad. Solo a través de un enfoque basado en el conocimiento, la colaboración y el consenso podremos construir sociedades más seguras para todos.

