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Principios sólidos, origen humilde, trabajo duro y familia tradicional, son los elementos que han hecho de Marcelo Colanero un profesional a carta cabal. Por: María Cecilia Hernández
Recientemente la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (Casel) nombró como presidente a Marcelo Colanero, quien también es presidente y dueño de la empresa argentina Intelektron, la cual fabrica y distribuye soluciones de Control de Acceso y Asistencia.
Este argentino de nacimiento y vida, futbolista en sus sueños de niño, hincha acérrimo del River Plate y dedicado en alma y cuerpo a su familia, nos acompaña en la presente edición de VENTAS DE SEGURIDAD. En la sección del Profesional del mes nos ha mostrado una historia personal que lo hace sentir orgulloso del camino recorrido. No duda en compartir con otros su trayecto para servir como ejemplo: “La pasión por el trabajo y la perseverancia te llevan por el sendero del éxito”, dice.
Nació y creció en la ciudad de Turdera, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. “Provengo de un hogar humilde de padres italianos que llegaron con las manos vacías a este país, una pareja que supo esforzarse para formar una familia tradicional y sólida. Soy el mayor de cinco hermanos, crecimos en una casa donde reinaban el respeto, la ética, la solidaridad, la honradez y el compromiso. Esas bases son las que hoy me hacen ser quien soy y sentirme orgulloso de ello”, afirma Marcelo.
A sus 45 años de edad no se queja de haber trabajado desde muy niño para poder ayudarles a sus padres con las obligaciones de la casa. Primero en el kiosco de ellos y luego repartiendo alimentos en un camión junto a su papá. Jamás dejó sus estudios, estaba seguro de que éstos serían el cimiento para cumplir su objetivo: tener su propio negocio.
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Otra oportunidad
“Cuando me recibí, trabajé un tiempo en ENTel, la empresa de teléfonos que en ese momento era del Estado; vendí rifas por la calle, pasé música en fiestas y llegué a tener un taller de chapa y pintura para autos”, narra Colanero.
Al cumplir sus 20 años de edad ya tenía un amplio recorrido por el mundo laboral, había probado, ensayado y descartado, pero no había decidido. Fue allí que el destino resolvió entregarle una experiencia vital.
“Mientras trabajaba en el taller tuve un accidente, de un golpe se me estalló el hígado. Casi pierdo la vida. Necesité una operación de urgencia y más de seis meses en rehabilitación. Pagarla significó perder todo lo que había logrado hasta el momento y empecé otra vez, pero con más ganas y siempre agradecido con la vida por esa segunda oportunidad”, recuerda el empresario.
Luego de su accidente, Marcelo tuvo claro que se enfocaría por el camino de la tecnología, la computación y la electrónica. Él y tres de sus más fieles compañeros de secundaria se reunían luego de la jornada laboral para diseñar y armar aparatos electrónicos con los pocos ahorros que lograban, con el fin de cumplir su sueño en común, emprender un negocio.
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